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8 de noviembre: hablar de paro y comer pescado….

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Una de las 3 Centrales sindicales legales que han asumido, sin tener, la representación de los trabajadores ha convocado a “un paro nacional activo” para Noviembre.

Las otras 2 Centrales han expresado su rechazo a esta convocatoria, aduciendo que no solo ellas, sino también la convocante, han mantenido y mantienen conversaciones con el gobierno por lo que no se justifica una convocatoria como esta.

Una primera cuestión a dilucidar es la representatividad de estas organizaciones sindicales. Según datos oficiales del Sistema Informático de Relaciones Laborales de la Dirección del Trabajo, las 3 Centrales Sindicales no representan en su conjunto siquiera al 10% de las y los trabajadores chilenos, toda vez que la fuerza de trabajo activa llega ya casi a los 9 millones.

Ciertamente no son ellas las responsables directas y únicas de la baja organización de las y los trabajadores, pero su política vacilante y ambigua, unida a deficientes leyes laborales y la presión constante de la patronal por desincentivar la organización sindical, son elementos que la explican.

Lo segundo a lo que hay que buscar explicación es la razón de esta convocatoria. Tenemos claro que, desde el término de la dictadura en nuestro país, se ha impuesto la lógica patronal de polifuncionalizar y flexibilizar hasta el extremo, contando para ello con el apoyo de los gobiernos y también de partidos políticos y organizaciones afines a esos gobiernos. Solo en contadas ocasiones en estos 28 años de regularidad democrática, se ha convocado a movilizarse a las y los trabajadores y la totalidad de esas convocatoria tuvo resultados insignificantes, no solo por el bajo nivel de organización que en el mejor de los casos llegó a estar en el 14% sino también,  y es muy importante tenerlo en cuenta, por la pérdida de confianza que la clase trabajadora fue desarrollando por estas organizaciones sindicales, que han privilegiado diálogos, consensos y mesas de negociación, relegando a segundo plano las más sentidas aspiraciones de las y los explotados.

Seamos claros. Las coaliciones Concertación y Nueva Mayoría no han tomado en consideración las más sentidas demandas de los trabajadores, solo las usaron en tiempos electorales. Es más, una de estas – sala cuna para todas las mujeres más allá del número de ellas por empresa – está siendo asumida por el actual gobierno derechista, pero siguiendo la misma tónica de las otras coaliciones: discriminación, falsa universalidad y lucro con un derecho fundamental.

Los resultados en materia laboral en 28 años de trabajo parlamentario son bastante pobres. Apenas se aumentó de 150 a 330 días el pago de indemnización por año de servicio, el vencimiento de los contratos de plazo fijo bajó de 2 años a 1. La jornada de trabajo disminuyó de 48 a 45 horas semanales y algunos sectores que podían cumplir hasta 72 horas por semana bajaron a 60 horas. A los exceptuados del descanso en domingo se les otorgan 2 libres semanales en domingo durante el mes, el sueldo base no puede ser inferior al ingreso mínimo, son algunas mejoras que en caso alguno eliminan la situación de abuso, a lo más la disminuyen.

En el mismo periodo de tiempo legislativo también se han dictado normas que van abiertamente en contra de los trabajadores, como la modificación del N° 3 del artículo 10 del C. del T. que permite que un trabajador pueda realizar más de 2 labores sean estas alternativas o complementarias.

Se derogó la exigencia de presentar balances a las organizaciones con más de 250 socios, así como las facultades de control a la Dirección del Trabajo respecto de los libros de contabilidad de los sindicatos. Se establecieron los contratos de tiempo parcial con hasta 30 horas de duración y un sueldo proporcional al ingreso mínimo según el número de horas trabajadas y se dio la facultad al empleador de imponer indeterminados tipos de turno, solo obligándose a informar con una semana de antelación al trabajador sobre el turno que le corresponde. Asimismo, con la última reforma laboral se disminuyó el número de delegados en los sindicatos de interempresa y se volvió a modificar el quórum para constituir sindicatos en empresas de hasta 50 trabajadores.

Podrían llenarse páginas sobre lo avanzado o retrocedido, pero en caso alguno este periodo de tiempo transcurrido desde la dictadura implica un avance sustancioso en las leyes laborales, solo garantías y más garantías para los abusadores.

Resulta a lo menos extemporáneo que se convoque a un paro contra posibles regresiones que presentaría el gobierno de Sebastián Piñera a la legislación laboral. Más aún cuando se han tolerado por tanto tiempo muchas arbitrariedades y abusos, sin que se haya levantado la voz ni una sola vez con fuerza.

La huelga y el paro son y serán instrumentos a los que las y los trabajadores no deben renunciar. Podrá ser legal si se enmarca en el proceso de negociación colectiva o ilegal como eufemísticamente le llaman las autoridades cuando va por fuera del marco legal, pero es la paralización de actividades la herramienta que puede obligar a los representantes del poder a conversar y negociar sobre aquello que no quieren.

Con la huelga los trabajadores obtuvieron las 8 horas diarias de trabajo hace 132 años en Chicago, con la huelga y la movilización se fueron consiguiendo leyes que permitieron a los trabajadores chilenos una vida más justa y digna hasta 1973. Con la huelga legal o ilegal los trabajadores del subcontrato, portuarios, forestales, fiscales y de otras áreas han conseguido de la patronal y los gobiernos, parte de sus conquistas más sentidas.

Las y los trabajadores tenemos claro que hasta ahora poco o nada se ha hecho por  nuestra clase, ni desde los gobiernos que se comprometieron a terminar con la regresivas normas, ni desde las organizaciones sindicales que  moderaron las demandas y prefirieron servir al gobierno de turno o acatar a rajatabla las órdenes de partido, perdiendo por completo su autonomía sindical, y con esto, la lucha por los reales intereses y necesidades de las y los trabajadores.

El llamado entonces es a organizarse.

A construir instrumentos que asuman desde sus orígenes las más sentidas reivindicaciones de la clase trabajadora, instrumentos que declaren la imposibilidad de negociar ni buscar acuerdos o consensos con nuestras demandas irrenunciables.

Todo lo demás, incluidos los paros y movilizaciones sin demandas claras, son simples ejercicios de distracción en lo que los trabajadores no debemos caer. Las demandas de trabajadores y trabajadoras deben surgir  desde nuestras propias necesidades y para eso solo sirve organizarnos

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