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Quintero: A poner fin a la devastación, nuestros barrios no son basurales

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A mediados del mes de agosto estalló un conflicto ambiental en las comunas de Quintero y Puchuncaví. Luego de intoxicaciones masivas, suspensión de clases y protestas de la población, las autoridades decretaron alerta amarilla por más de dos semanas, la cual fue levantada el jueves 20 de septiembre. Claramente, la crisis ambiental de la zona responde a décadas de contaminación provocada por la producción industrial concentrada allí, producción que no contempló que en esos territorios viven más de 50.000 habitantes.

Actualmente se encuentran decenas de empresas en el territorio, entre las cuales se pueden mencionar Aes Gener Campiche (Termoeléctrica a base de carbón), Codelco (Cuprífera de fundición y refinería de cobre), Copec (Almacenamiento de combustibles y Terminal Marítimo), ENAP (Refinería de petróleo) y GNL Gas (Recepción, almacenamiento y regasificación de Gas natural).

Esta concentración se inicia en 1958 con la instalación de Chilectra, luego de eso vino una sucesivas aperturas de termoeléctricas, plantas de recuperación de ácido sulfúrico, terminales marítimos, terminales de asfaltos y combustibles, terminales de gasificación. Paradójicamente, el Estado durante todo este período ha promulgado medidas administrativas de regulación y descontaminación, mientras que en paralelo aprueba la instalación de más empresas contaminantes.

Cabe preguntarse si esta situación era un riesgo previsible, o sí realmente, a los dueños de las empresas les importa el daño ambiental que estaban acumulando. El gran problema que hoy atraviesan las comunas de Quintero y Puchuncaví no es tan sólo la contaminación, sino más bien las consecuencias del modelo de producción y explotación capitalista.

Chile, es un país que basa su economía en la exportación de materias primas (cobre, litio, madera, productos del mar, agrícola y vitivinícola) y para ello requiere de grandes producciones energéticas en base a carbón como las termoeléctricas o agua como las hidroeléctricas, ambas orientadas a mantener la producción industrial. Todo esto ha requerido de la explotación, saqueo y contaminación de la naturaleza, sin preocupación alguna de la reconstitución de sus ciclos de vida.

El capitalismo no es sólo productor de desigualdad y pobreza al dividir la sociedad en clases sociales, sino también productor de contaminación, saqueo y crisis ecológica, la cual se ha ido acumulando a nivel mundial por décadas en Chile, América Latina, Asia y África.

Ante este problema, los defensores del capital han buscado instalar estrategias “parche” a la devastación del capitalismo salvaje, denominándole “capitalismo verde”, “sustentabilidad” o “desarrollo sostenible”. Pero la verdad, es que el fin de la crisis ecológica requiere del fin del capitalismo, ya que es un problema estructural del sistema que no se resolverá con reformas cosméticas. Hoy, la humanidad enfrenta un problema causado por el sistema creado por los ricos. Hoy, se hace más imperioso que nunca acabar con él, porque si no, será el mismo sistema quien acabe con la humanidad.

Por otro lado, no es casual, que las zonas que en este conflicto se han denominado “de sacrificio” estén habitadas por el pueblo trabajador. Así como se expropian casas para autopistas, se instalan vertederos o antenas de teléfono en las poblaciones de la urbe; también se instalan termoeléctricas, celulosas, ductos de desechos tóxicos, monocultivos forestales, pesca de arrastre, plantaciones transgénicas y usos de agro tóxicos y fertilizantes en territorios rurales donde habitan comunidades campesinas, indígenas, pescadores artesanales, trabajadores y trabajadoras en general. Es decir, la defecación industrial se instala en zonas habitadas por los pobres del campo y la ciudad y seremos nosotros y nosotras las que pagaremos con nuestras vidas la destrucción generada por la producción insaciable del capital.

Por ello no parece extraño este conflicto y otras protestas regionales en Mehuín, Huasco, Aysén, Freirina. Las consecuencias de la crisis ecológica las vive en carne propia la clase trabajadora, y será la misma clase la que deba emprender la lucha para acabar con ella, porque no es sólo un problema “de la naturaleza”, sino un problema político – social.

Saludamos la fuerza y coraje de las y los hermanos de clase de Quintero y Puchuncaví que decidieron instalar sus justas demandas por medio de la lucha y organización. Gracias a la protesta, los cortes de ruta, la toma de liceos y escuelas, la toma de la plaza de la ciudad, se generó el ruido incesante que hizo temblar al gobierno ante la opinión pública. Sacaron la voz por los miles de trabajadores y trabajadoras que habitan el territorio nacional y en silencio se enferman e intoxican lentamente.

El pueblo tiene sus exigencias claras: paralización de todas las faenas del cordón industrial costero hasta que se determine con claridad los responsables y se tomen medidas concretas al respecto; que se elimine la facultad del uso de suelo de las llamadas “áreas de amortiguación” para la utilización industrial; que se cree una “Zona Franca Energética” donde se subsidie el cobro de la energía eléctrica para los habitantes de las comunas de Quintero y Puchuncaví; que se modifique de inmediato el estado de “complejidad” del Hospital de Quintero para que se desarrollen las especialidades de oncología, neurología y toxicología. Asimismo, debido a que se bajó la alerta amarilla y ha habido nuevos casos de intoxicación, la comunidad exige que se decrete emergencia sanitaria en la zona.

Hoy las y los vecinos de Quintero, Puchuncaví no están dispuestos a seguir transando su salud y subsistencia, manteniendo la toma permanente de la plaza principal, con actividades culturales, cacerolazos y asambleas diarias y abiertas a la comunidad.

La clase trabajadora tiene grandes desafíos, y se debe organizar no sólo por un salario o por sus condiciones laborales, también debe luchar por alcanzar todos los derechos sociales como salud, educación y vivienda, y junto con ello su pleno bienestar, lo cual requiere de la lucha contra la devastación ambiental. La organización de la clase trabajadora debe dar saltos, comprender que mientras exista capitalismo, habrá siempre una clase sobre otra, y, asimismo, la salud y subsistencia de los y las pobres será siempre paupérrima.

Desde la Central Clasista de Trabajadores y Trabajadoras hacemos el llamado a organizarse en todos los rincones del país, en la solidaridad y articulación de las luchas del pueblo está la fórmula para que la clase trabajadora avance con pasos sólidos y logre revertir la realidad para construir una sociedad diferente. Confiamos plenamente en nuestras capacidades, conocimientos y fuerzas, debemos avanzar en organización, lucha y vocación de poder. Conjugando todos estos elementos, la victoria será nuestra.

Central Clasista de Trabajadores y Trabajadoras

Fotografía de portada vía @frentefotográfico

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